Dos periodistas sin trabajo
divagan, fantasean, imaginan...
contar historias,
vender flores.
Las comisurasllenas de pétalos,
savia resbalando
barbilla abajo.
Dejemos los pistilos secos,
las corolas petrificadas.
Con cada reportaje
que no saldrá en antena,
que no irá en página,
haremos un ramo
del que comer cien días.
Seremos
tweet, post, byte,
pondremos lazos negros
a lomásvisitado.
Besaremos las rosas
tras los informativos,
limaremos en el ipad
nuestros dientes
de mimosas.
Minutaremos aguas
de azules regaderas.
Se nos volverán
las manos sépalos
y haremos un suflé
de últimashoras
con una salsa tibia
de violeta y nomeolvides.
Las noticias que no daremos
serán lirios,
caléndulas,
crisantemos...
soltando jugo
en el mortero de abuela,
pan en el gazpacho de mañanas.
Cubriremos sucesos
de amor y muerte,
de amistad y venganza.
En plano medio
empuñaremos tulipanes,
bellas y observadoras
--siempre--
cronistas de lo pequeño.
No habrá tiradas,
escribiremos en tarjetas
titulares de intrahistoria.
Sorberemos ruidosas
una sopa de estambres
y tallos,
untaremos entrevistas cotidianas
con paté de orquídeas rotas,
manjares nuevos,
versos nacientes
en nuestras bocas rojas.
Porque amar un oficio
es acariciarlo
como el aire a los claveles,
sufrirlo
como la cala
al frío,
entregarse,
amapolas al viento,
reírlo, llorarlo, abrazarlo....
y odiarlo a veces.
Si te dejan.
Vamos a tirar
semillas por las veredas,
a dormir la mona
en tiestos de geranios,
a masticar esencias
de jazmines,
a bucear en pucheros
que huelen a ojos, a faros.
Destino,
maldición,
buenanueva
o buenavieja,
somos periodistas,
aunque rumiemos palabras,
aunque comamos flores.
*Este poema se escribe en paralelo a AUNQUE COMAMOS FLORES de mi Ángela Fernández.











